¿Y si el presidente Trump retira la inversión en México?

Negociar obliga a observar el hecho desde todas las perspectivas, incluso el de los corporativos de origen estadounidense

Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México
Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México

A juzgar por las fotografías difundidas por los participantes y sus declaraciones, la negociación del Gobierno de México por la decisión del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos inició con un ánimo de incredulidad: el T-MEC, en etapa clave para la aprobación y el costo de la decisión, pareciera más alto que lo que cualquiera estuviera dispuesto a pagar. No es así. Basta ver las consecuencias de una decisión similar con China.

El hecho no debió tomar por sorpresa a nadie. Una y otra vez el mandatario de Estados Unidos insiste en su postura respecto a la necesidad de una política migratoria de México como filtro del sur del continente. Nuestro país ha respondido.

Ahí tiene usted la visita y declaraciones de Alicia Bárcena, de la Cepal, pero en un tono y con acciones que no se alinean, al menos en el corto plazo, a lo que el presidente Trump busca.

Podríamos incluso decir que, como la carta del presidente Andrés Manuel López Obrador, era un mensaje más local que global.

Desde la perspectiva mexicana podríamos juzgar las acciones del presidente Tump como mala o mal limitarlo a lo electoral. No olvidemos que en política las cosas están bien o mal dependiendo el objetivo.

Negociar obliga a observar el hecho desde todas las perspectivas, incluso el de los corporativos de origen estadounidense con presencia en México.

No olvidemos que esta medida también tiene una lógica dentro de la forma en la que se está manejando la economía en el vecino del norte.

En estos momentos necesitamos ser pragmáticos y no emocionales. El presidente Trump lo dijo con claridad el 2 de junio a las 13:19 (hora de México): acción, o las compañías y puestos de trabajo vendrán de regreso a Estados Unidos. Difícil de creer en una economía globalizada y tan profundamente vinculada como lo es la nuestra con Estados Unidos, pero puede suceder.

Esto obliga a todas aquellas empresas con origen en aquel país y con negocios en México a preparar escenarios. Muy buena señal la que ha mandado el Consejo Coordinador Empresarial, y Carlos Salazar en ir a trabajar directamente al territorio de la negociación.

En línea con ello, los corporativos tienen que ampliar su espectro de posibles crisis de lo directamente relacionado con su negocio, a estos escenarios. Lo que digan en público y en privado será escuchado. Quienes nos dedicamos a la comunicación estratégica y el manejo de crisis, en este caso, incertidumbre, sabemos que, por poco probable, nada puede agarramos con los dedos en la puerta.

Además, cualquier narrativa ante esta posibilidad debe ser construida con ojos distintos a los que se ha hecho tradicionalmente. Se tiene que hacer de forma pragmática y observando con claridad no sólo el interés local, sino el estadounidense y global.

Lo deseable es que ninguna de las partes llegue al extremo. Confiamos en los negociadores de ambos países.

*Analista político y financiero

[email protected]

@OSANDOVALSAENZ

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