Terror en el Sinaí

La política egipcia y el entorno palestino, dos dimensiones inevitables

Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México
Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México

La insurgencia en el Sinaí no cede a pesar de las tácticas brutales de contrainsurgencia y contraterrorismo que se aplican sin restricciones de leyes o moralidad y que han contado con el apoyo de milicianos tribales, las contribuciones de EU en financiamiento, capacitación y equipo, y de Israel en inteligencia y operaciones. Ayer murieron 8 miembros de las fuerzas de seguridad egipcias en un nuevo atentado.

Todo apunta a Wilaya Sina, la filial local del EI. Este ataque se inscribe en una larga historia de terror. El 24 de noviembre de 2017, más de 300 civiles, incluidos 27 niños, murieron y más de 100 resultaron heridos en un atentado contra una mezquita en la aldea beduina de al-Rawda, al oeste de el-Arish, capital de la provincia del Sinaí del Norte. A nivel internacional, ese acto fue más letal que otros ataques contra mezquitas, como el ocurrido en Bagdad en enero de 2017 (52 víctimas) o en Kabul en junio de 2017 (150 víctimas).

Dos elementos interdependientes refuerzan el círculo vicioso de la inestabilidad en el Sinaí: por un lado, la política israelí y por otro el régimen egipcio. Como apunta el investigador Omar Ashour, en esta región, el yihadismo tiene una larga historia, vinculada a la cuestión palestina y la ocupación israelí de la península. Los campos de la brigada de la Hermandad Musulmana que participaron en la guerra de Palestina de 1948 formaron la primera célula religiosa en el Sinaí. Toda la península estuvo de nuevo bajo ocupación el 6 de junio de 1967, y la zona fronteriza no fue liberada sino hasta abril de 1982. Para entonces, la sociología religiosa de la provincia había cambiado, con la presencia de diversas corrientes islamistas.

El segundo elemento es señalado autoritarismo del régimen egipcio. A mediados de los años 1990, los servicios secretos, en total desconocimiento del contexto local, reprimieron con brutalidad y arbitrariedad a las poblaciones de las aldeas locales en búsqueda de sospechosos. En el horror cotidiano de las cárceles, los presos se fueron radicalizando y tejiendo redes.

Las políticas intensivas de represión indiscriminada a gran escala por parte de El Cairo para lidiar con el Sinaí sólo han servido para encaminar a los locales a la insurgencia. Bajo el gobierno de Abdel Fattah al-Sisi se han producido los peores atentados terroristas en la historia moderna de Egipto, más letales que el peor ataque perpetrado bajo el gobierno Hosni Mubarak (57 víctimas en la masacre de Luxor en 1997) y de Mohamed Morsi (16 muertos en Karem Abu Salem en 2012).

La cooperación en la frontera gazauí-egipcia entre Hamas y los servicios de inteligencia egipcios desde octubre de 2017 había reducido las fuentes de apoyo del grupo Wilayat Sinai (contrabando de dinero y logístico). No ha sido suficiente ni eficaz. La naturaleza multidimensional de la crisis en el Sinaí exige una estrategia más compleja e integral.

*Investigadora del Colmex

MARTA TAWIL*

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