De comercio, política y oportunidad

La postura de los senadores es desusada, porque Trump es el jefe indiscutible del Partido Republicano

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

El gobierno del presidente Donald Trump enfrenta una pequeña crisis política interna, causada por su decisión de imponer tarifas arancelarias a México para presionar contra la llegada de refugiados centroamericanos.

El momento no es bueno para México, pero tampoco para los Estados Unidos o Trump, que al plantear el castigo arancelario provocó por lo pronto una rebelión de sus aliados republicanos, ideológica y prácticamente contrarios a lo que consideran como impuestos.

Y los aranceles a las importaciones mexicanas equivaldrían a un nuevo y fuerte impuesto contra los consumidores estadounidenses, de acuerdo con los señalamientos hechos el martes por legisladores republicanos.

La mayoría republicana en el Senado estadounidense hizo saber a la Casa Blanca que no estaba de acuerdo con los aranceles y su disposición a cancelarlos si fuera necesario.

La postura de los senadores es desusada, tanto porque Trump es el jefe indiscutible del partido como porque horas antes había advertido desde Londres, donde hacía una visita de Estado, que sería tonto que se opusieran a las sanciones.

Después de todo, la postura de Trump es bien recibida por votantes pro-republicanos.

Es probable que Trump pueda restablecer su dominio sobre el partido y hacer válidas las sanciones al menos por un tiempo, pero mas allá de lo ideológico las objeciones de los senadores pusieron otro punto sobre la mesa: ¿es el momento oportuno?

El consenso entre analistas económicos y políticos es que no.

Trump lanzó a los Estados Unidos a una guerra comercial con China, en unos meses medirán sus fuerzas con la Unión Europea y Japón, anunciaron recién el final de exenciones comerciales para India. China es la segunda potencia económico-comercial del planeta y de paso la mayor fuente de importaciones para los EEUU.

En los últimos meses, ambos gobiernos han intercambiado tarifas sobre cientos de miles de millones de dólares contra sus respectivas importaciones. Se espera que haya intentos de arreglo en la próxima reunión de jefes de gobierno del Grupo de las 20 mayores economías del mundo (G-20) este mes en Osaka.

México es el segundo mayor exportador a los EEUU y su principal respaldo. Es parte con EEUU y Canadá del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) y aliado con el gobierno Trump para la aprobación de un renovado acuerdo comercial entre los tres países, que el propio gobierno Trump presenta como un logro mayor.

En ese marco, la idea de las sanciones no sólo es considerada como inoportuna sino como un error político, al introducir incertidumbres que pueden afectar lo que es ya un largo período de expansión económica.

Con todo, la posibilidad creciente de evitar las medidas arancelarias no reduce la presión para que el gobierno mexicano cierre el paso a los migrantes centroamericanos. Trump simplemente buscará otra forma de hacerlo.

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@CARRENOJOSE1

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